Chiste 578 - El sustituto
Los Jiménez no lograban concebir hijos y decidieron recurrir a un padre sustituto para formar su familia.
El día en que debía llegar el padre sustituto, el Sr. Jiménez se despidió de su esposa con un beso y le dijo: "Bueno, ya me voy. El hombre no tardará en llegar".
Media hora más tarde, pura casualidad, un fotógrafo de bebés que iba de puerta en puerta tocó el timbre con la esperanza de conseguir una venta.
"Buenos días, señora", dijo él. "Vengo a..."
"No hace falta que se explique", lo interrumpió la Sra. Jiménez, avergonzada. "Lo estaba esperando".
"¿De veras?", dijo el fotógrafo. "Bueno, eso es estupendo. ¿Sabía usted que los bebés son mi especialidad?".
Ella le dijo: "Bueno, eso es precisamente lo que mi esposo y yo esperábamos. Por favor, pase y siéntese". Tras un momento, ella preguntó, ruborizándose: "Bueno, ¿por dónde empezamos?".
El fotógrafo le dijo: "Déjemelo todo a mí. Por lo general, suelo probar con dos en la bañera, uno en el sofá y, tal vez, un par en la cama. Y a veces el suelo de la sala de estar resulta divertido; allí uno puede extenderse a sus anchas".
Con sorpresa ella le dijo: "¿En la bañera? ¿En el suelo de la sala de estar? ¡Con razón no nos funcionó a esposo y a mí!".
"Bueno, señora, ninguno de nosotros puede garantizar un buen resultado todas las veces. Pero si probamos varias posiciones diferentes y yo tomo fotos desde seis o siete ángulos distintos, estoy seguro de que quedará satisfecha con los resultados", explicó él.
"¡Vaya, eso es muchísimo!", exclamó la Sra. Jiménez, llevándose las manos a la garganta.
El fotógrafo le dijo: "Señora, en mi oficio, uno tiene que tomarse su tiempo. Me encantaría entrar y salir en cinco minutos, pero estoy seguro de que eso la decepcionaría".
"¡Y tanto que sí!", dijo la Sra. Jiménez en voz baja.
El fotógrafo abrió su maletín y sacó una carpeta con su portafolio de fotos de bebés, dijo: "Ésta la hicimos en el techo de un autobús", comentó.
"¡Dios mío!", exclamó la Sra. Jiménez, llevándose las manos a la garganta.
"Y estos gemelos quedaron excepcionalmente bien... sobre todo si se tiene en cuenta lo difícil que resultó trabajar con su madre", le dijo él.
"¿Que ella era difícil?", preguntó la Sra. Jiménez.
Él le contestó: “Sí, me temo que sí. Al final tuve que llevarla al parque para poder hacer bien el trabajo. La gente se agolpaba alrededor, formando filas de cuatro y cinco personas de profundidad, para poder ver bien.
“¿Filas de cuatro y cinco personas de profundidad?” exclamó la señora Jiménez, con los ojos muy abiertos por el asombro.
“Sí” respondió el fotógrafo, “Y así durante más de tres horas. La madre no paraba de chillar y gritar; apenas podía concentrarme y, cuando empezó a oscurecer, tuve que apresurar las tomas. Finalmente, cuando las ardillas comenzaron a mordisquear mi equipo, no me quedó más remedio que recogerlo todo.”
La señora Jiménez se inclinó hacia adelante. “¿Quiere decir que realmente mordieron su equipo?”
El fotógrafo le dijo: “Es cierto, señora; sí. Bueno, si está lista, montaré mi trípode y podremos ponernos manos a la obra de inmediato.”
“¿Trípode?”, ella le preguntó en incredulidad.
“Oh, sí, señora. Necesito usar un trípode para apoyar mi equipo. Es demasiado pesado”, explicó él.
La señora Jiménez se desmayó.

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